Vivir, vivir, vivir.
Esa agotadora forma de tomar conciencia hasta el hartazgo,
mientras el tiempo te estruja en su inconsecuente inventario de hechos.
¿De qué trata?
¿Es una devolución salarial?
¿Un intercambio de reconocimientos, gloria y triunfos?
Una leve y aguda advertencia
de una vida insípida me ataca.
Me escondo. Me engaño.
El prestigio del trabajo bien hecho
es la mejor declaración para hablar más fuerte que esa voz.
Sí, la póliza para el renombre.
Me estafo.
Me distrae la argucia de la cotidianidad.
No me opongo.
Acato los pendientes.
Me vuelvo un preso. Un rehén.
Sí, continuo.
Sí, vivo.
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